Un día para recordar
Hoy quiero detener el ritmo habitual de las publicaciones científicas y los casos clínicos para compartir una alegría profundamente personal y profesional. Recientemente, tuve el honor de recibir un reconocimiento junto con mis colegas del staff docente por parte de los alumnos de Medicina Interna IV de la Carrera de Medicina, de la FCM-UNA, Filial Santa Rosa del Aguaray, Departamento de San Pedro.
Ver la dedicación de este grupo a lo largo del curso ha sido un privilegio, pero recibir este gesto de su parte es un recordatorio poderoso de por qué elegí el camino de la docencia médica.
El reto de enseñar Medicina Interna
Enseñar Medicina Interna no es tarea sencilla. Estamos en un punto de la carrera donde los estudiantes ya no solo memorizan síntomas, sino que deben aprender a conectar puntos complejos, desarrollar el juicio clínico y, sobre todo, entender la vulnerabilidad del paciente. Exige rigor, noches de estudio y una enorme empatía.
Ver cómo este grupo asimiló cada desafío, cómo cuestionaban con madurez y cómo crecieron como futuros médicos, ya era una recompensa en sí misma. Este reconocimiento físico es solo la cereza del pastel.
"La medicina se aprende en los libros, pero se vive y se entiende al lado del paciente y compartiendo el conocimiento con las nuevas generaciones."
Mi agradecimiento a la promoción
A cada uno de mis alumnos de Medicina Interna IV, promoción 2027, gracias. Gracias por su respeto, por su curiosidad insaciable, por no conformarse con las respuestas fáciles y por recordarme por qué la docencia es una de las facetas más nobles de nuestra profesión.
Este reconocimiento no me pertenece solo a mí; es el reflejo del esfuerzo mutuo y del puente que construimos juntos entre el aula y la práctica médica real.
No tengo dudas de que serán profesionales extraordinarios, éticos y profundamente humanos. El futuro de la medicina está en excelentes manos.
16:15
Alejandro J. Valenzuela Fernández





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